Ponencia
presentada el viernes 14 de marzo de 2014
en
el Congreso de Narrativa en Escena VOX ORBIS V
en el ITESM,
Monterrey, Nuevo León México
3.- El problema de la representación.
La materia prima del director de escena, es el
problema no exclusivo del teatro, en torno a la representación. Este dominio,
que precisamente se aborda en este congreso como la dicotomía entre texto
escrito y puesta en escena, es decir la representación.
Para el dramaturgo argentino Rafael
Spregelburd, representación se define como desplazamiento, desplazar una cosa
por otra. Un político representa, desplaza a un grupo de gente, habla en su
nombre, se instaura un poder invisible en el que la cosa representada adquiere
cuerpo en otra entidad.
Para hablar de representación, conviene
recordar lo que Lacan denomina: dimensiones o registros de lo psíquico. El
conjunto de los tres registros de lo psíquico lo denomina con la sigla R.S.I.
(es decir, lo simbólico, lo real y lo imaginario). Esta
tópica constituye una estructura que se puede
representar ejemplarmente como elementos anudados de un modo semejante a un nudo borromeo.
Para
Lacan, lo real, es todo aquello que no es imaginario, ni se puede simbolizar.
Es todo aquello que tiene existencia propia y no se puede representar. Aunque
las palabras se asemejan no debe confundirse con “realidad”, puesto que esta
pertenece al orden del lenguaje, es el mundo que se construye simbólicamente
para crear significado. Lo real, pertenece al orden de la sexualidad, del
horror, la muerte y el delirio. No lo podemos pensar, es inconceptualizable y
no lo podemos designar con palabras es un indetermindo e incontrolable. Sin
embargo no se encuentra fuera del orden simbólico, ya que constituye su
fundamento. No podemos percibir lo real, sólo representaciones simbólicas que
llamamos realidad.
Lo imaginario,
o dimensión no-lingüística de la psique, constituye tal como lo dice su nombre,
al pensar con imágenes, formas de pensamiento más primarias. Esta percepción,
se compone de huellas, marcas psíquicas, signos perceptuales que conforman un
universo psíquico compuesto de imágenes provenientes de los sentidos, los
movimientos del otro y del propio cuerpo.
Lo
imaginario es entonces, la dimensión, el continente de pensar en imágenes, no
sólo visuales, sino imágenes en el sentido semiológico. La relevancia del campo
de lo visual, se sobreentiende, porque, en la imagen visual quedan subsimidas
las demás imágenes, pero este universo contiene todas las huellas que impregna
la percepción del mundo. Crean el mundo.
Lo
simbólico, es el registro propio de lo humano y lo instaura el lenguaje. Es la
institución cultural, el cuerpo social impreso en los cuerpos individuales que
permiten la comunicación, el orden del discurso, la posibilidad del habla, de
la lengua.
La
representación es la sustitución o el desplazamiento que otorga una imagen
significante a un referente en la realidad. La realidad misma es una
representación mental del mundo.
Definimos
la realidad, como la representación objetiva de un subjetividad. La realidad,
esta sujeta y definida a su tiempo y contexto histórico. Se construye
culturalmente y se impone como “verdad”.
Constituye una subjetividad que se manifiesta como objetiva y validada para una comunidad, que puede ser local, nacional o mundial.
Distinguimos
la realidad de primer orden, como el conjunto de símbolos válidos para el orden
social y el funcionamiento de las fuerzas productivas. Pero también atañe al
conjunto de saberes y disciplinas que articulan a un grupo social y permiten
mantener el funcionamiento de los campos sociales. Las relaciones sociales son
posibles gracias al pacto de realidad, que tiende a naturalizar, legalizar e
institucionalizar un sistema social.
Opuesta a
la realidad de primer orden, tenemos la irrealidad, lo que no es posible y se separa de la lógica
del orden social. En este campo se encuentra la mentira, la locura y la
ficción.
El ser
humano, por lo menos en lo que se refiere a esta especie, en esta parte del
mundo, en este tiempo, entendemos la ficción, como el placer de hacer pasar lo
irreal, como una realidad posible. En nuestro contexto, encontramos un cierto
placer, en presenciar actos irreales como realidad posible, en este contexto es
donde encontramos lo teatral.