La crítica de la crítica
Todos los teatristas en Monterrey
estamos de acuerdo “en teoría” con la necesidad de que exista la crítica
teatral, sin embargo, en la práctica no solemos tomarla muy bien que digamos.
Tan es así, que la crítica no existe. En este momento, no hay crítica de los
espectaculos teatrales en Monterrey.
Algo que sin embargo persiste en
la comunidad teatral, es el “canibalismo”, esa malsana tradición heredada de
nuestros grandes maestros que la impulsaron fervientemente, en detrimento de la
perspectiva crítica de los espectaculos teatrales. A pesar del “goce” que
genera hablar mal de un espectáculo, -porque siempre es más divertido hablar de
lo que falla que de lo que funciona-, esta práctica no proporciona herramientas
de análisis y de observación. Por lo tanto, no contribuye al enriquecimiento de
las prácticas escénicas ni contribuye a la mirada del espectador, ya que el
ingenio no esta en la observación de los detalles, sino en la creatividad de la
denigración.
En el programa de radio “La 4ª
Pared” que conduce Morena González y Edgar Garduño, existe un segmento al que
llaman “la crítica”; donde Ana Laura Santamaría, ofrece de manera telefónica la
reseña de algún espectáculo donde señala a grandes rasgos lo más relevante de
la puesta, sobre todo, lo que a su juicio considera que, es lo que funciona
mejor o no, en términos de la constitución de una “poética escénica”. Reseña
que, la mayoría de las veces demuestra la agudeza y la capacidad de observación
pero que sin embargo, al ser un material “reseñado” como un acto de
comunicación oral, que no pasa por la exahustividad de la palabra escrita, no
puede considerarse formalmente como un crítica de un espectáculo teatral.
A pesar a lo atinado que puediera
ser o no, la reseña y lo puntual en su observación, el carácter anécdotico no
contribuye de manera contundente a una práctica intelectual sistematizada.
Fuera de este segmento
radiofónico, existen las reseñas periodísticas en los diversos medios impresos
y electrónicos, que pueden ofrecer muchas veces una opinión general que obedece
a la subjetividad de quien escribe, por ejemplo: “…la obra gusto mucho”;
“…logran divertir”. Si bien, las reseñas periódisticas, pueden ser un indicador
de lo que opina una persona no da cuenta de los elementos artísticos que
existen o no existen en una obra para que la considermos como una obra de buena
o mala calidad. Principalmente, porque un periodísta de noticias sociales y
culturales no suele contar con un aparato crítico para hacerlo, es decir
conceptos y categorías estéticas que le permitan ubicar el valor estético de la
puesta en escena.
Por otro lado, el periodísta
cultural no es precisamente un espectador especializado, que cuente con una
mirada entrenada para percibir el espacio tetradimensional de la experiencia
escénica.
¿Qué significa esto?
Que dicha capacidad de
observación no depende solamente de conceptos y categorías, es una habilidad
cognitiva vinculada a la tridimensionalidad del espacio escénico y el devenir
del tiempo en el que acontece la acción dramática.
Además de contar con una serie de
herramientas conceptuales, derivadas de categorías estéticas propias de un
filósofo, el crítico teatral tendría la capacidad de observación del biológo,
ser un espectador especializado. No bastan los conceptos y las categorías,
resulta fundamental la capacidad de observar la presencia y la ausencia de lo
que “no se dice” en una obra teatral, su redundancia, su articulación interna.
La crítica teatral viene
emparenteda con una teoría crítica de la sociedad.
Es una producción cultural que
enriquece la percepción, el consumo y el disfrute de obras artísticas. Afianza
los elementos de observación y percepción en una obra teatral.
Si bien es cierto, que, el
objeto de la crítica teatral, esta encriptado exclusivamente a la referencialidad de la puesta en escena, lo cierto es que implica además, una crítica de la sociedad. Al ser producidos por una colectividad, entendemos que no son objetos que emergieron de manera espontánea en
la realidad. La crítica teatral, alcanzaría el contexto de donde surgen los productos teatrales.
Un enfoque sistémico no solamente
daría cuenta de los elementos constituyentes de una puesta teatral y de su
lógica de organización interna, es decir, su póetica. Este enfoque permitiría a su vez, entender las
relaciones existentes tanto como objeto, es decir como un sistema cerrado; así
como de sus relaciones con el entorno y la dinámica de reproducción o analogía
con la lógica del entorno.
Esto implica que, existiría una
cierta correspondencia entre los procesos de
producción y temáticas abordadas en una puesta teatral y el sistema cultural de
producción.
¿Esto significa que el sistema
cultural determina y condiciona la creación artística de las obras teatrales?
Aunque parezca mecanicista, esto sí es así.
Pero intentemos matizar un poco
más.
El sistema cultural, no esta
integrado exclusivamente por las instituciones gubernamentales encargadas de la
producción y difusión de la cultura, pero si condiciona y crea las estructuras
materiales de producción, circulación, difusión y consumo de las producciones
artísticas. Genera además de las estructuras materiales, las plataformas y
superestructuras del mercado simbólico de la obra artística.
Esta linea de continuidad y
reproducción de la lógica interna, caracterizada por una relativa autonomía,
sin embargo no se mantiene ajena al discurso hegemónico de una grupo social en
un momento dado, adheriendose como brea al pensamiento de forma aparentemente
imperceptible.
¿Somos unos meros títeres que
hablan solo de lo que el sistema quiere que hablemos?
Sí.
Aunque parezca escandaloso,
ciertamente hay una reproducción del discurso hegemónico que se manifiesta en
los discursos artísticos. A pesar de su relativa autonomía, en un ejercicio
crítico por desmantalar el carácter ideológico manifiesto en los productos
televisos, si quisieramos desmantelar esta misma configuración ideológica en
muchas de las producciones teatrales presentes en Nuevo León, seguramente
encontraríamos horrorosas similitudes.
En este sentido, la crítica
teatral, no permanecería ajena a la lógica del sistema social y cultural de un
momento histórico.
Si los seres humanos y sus
derivados, los supuestos productos artísticos, estamos programados para pensar,
ser, actuar como máquinas, la crítica teatral cumple la función de hackeo
cerebral, pondría de manifiesto lo oculto, lo subyacente, lo que
ideológicamente inocente se disfraza de artístico.
Desconozco a ciencia cierta la
historia reciente de la crítica teatral en Nuevo León, pero esta claro que
desde hace tiempo ha dejado de ejercerse de manera profesional y sistemática.
A la par, y sin querer establecer
una cierta correspondencia unidimensional, a la ausencia de la crítica le sigue una misteriosa y repentina
superproducción de obras teatrales.
Si revisamos los programas de
mano del Conarte, a partir del 2011 comenzamos a ver alrededor de 40 obras
teatrales al año con una mismo esquema de producción: obras teatrales de
pequeño formato, autores nacionales, elenco joven, 3 a 4 actores, estructuras
dramáticas parecidas.
Contrario al 2009 y años
anteriores, no se presentaban ni siquiera 20 obras en un año.
Sería un error considerar a la crítica como instrumento que cercena la producción de obras teatrales como herramienta del miedo, el teatro es un fenómeno de vida, la vida no se puede detener, pero si podría analizar las condiciones y los factores de los que emerge la "vida".
Con esto quiero decir, que resulta preferible tomar los datos con suspicacia que con jubilo, a esta superproducción de obras y la ausencia de la crítica, amenaza con gran poder el fantasma de la banalidad.
Con esto quiero decir, que resulta preferible tomar los datos con suspicacia que con jubilo, a esta superproducción de obras y la ausencia de la crítica, amenaza con gran poder el fantasma de la banalidad.
