martes, 22 de julio de 2014

La crítica de la crítica




La crítica de la crítica

Todos los teatristas en Monterrey estamos de acuerdo “en teoría” con la necesidad de que exista la crítica teatral, sin embargo, en la práctica no solemos tomarla muy bien que digamos. Tan es así, que la crítica no existe. En este momento, no hay crítica de los espectaculos teatrales en Monterrey.

Algo que sin embargo persiste en la comunidad teatral, es el “canibalismo”, esa malsana tradición heredada de nuestros grandes maestros que la impulsaron fervientemente, en detrimento de la perspectiva crítica de los espectaculos teatrales. A pesar del “goce” que genera hablar mal de un espectáculo, -porque siempre es más divertido hablar de lo que falla que de lo que funciona-, esta práctica no proporciona herramientas de análisis y de observación. Por lo tanto, no contribuye al enriquecimiento de las prácticas escénicas ni contribuye a la mirada del espectador, ya que el ingenio no esta en la observación de los detalles, sino en la creatividad de la denigración.

En el programa de radio “La 4ª Pared” que conduce Morena González y Edgar Garduño, existe un segmento al que llaman “la crítica”; donde Ana Laura Santamaría, ofrece de manera telefónica la reseña de algún espectáculo donde señala a grandes rasgos lo más relevante de la puesta, sobre todo, lo que a su juicio considera que, es lo que funciona mejor o no, en términos de la constitución de una “poética escénica”. Reseña que, la mayoría de las veces demuestra la agudeza y la capacidad de observación pero que sin embargo, al ser un material “reseñado” como un acto de comunicación oral, que no pasa por la exahustividad de la palabra escrita, no puede considerarse formalmente como un crítica de un espectáculo teatral.

A pesar a lo atinado que puediera ser o no, la reseña y lo puntual en su observación, el carácter anécdotico no contribuye de manera contundente a una práctica intelectual sistematizada.

Fuera de este segmento radiofónico, existen las reseñas periodísticas en los diversos medios impresos y electrónicos, que pueden ofrecer muchas veces una opinión general que obedece a la subjetividad de quien escribe, por ejemplo: “…la obra gusto mucho”; “…logran divertir”. Si bien, las reseñas periódisticas, pueden ser un indicador de lo que opina una persona no da cuenta de los elementos artísticos que existen o no existen en una obra para que la considermos como una obra de buena o mala calidad. Principalmente, porque un periodísta de noticias sociales y culturales no suele contar con un aparato crítico para hacerlo, es decir conceptos y categorías estéticas que le permitan ubicar el valor estético de la puesta en escena.

Por otro lado, el periodísta cultural no es precisamente un espectador especializado, que cuente con una mirada entrenada para percibir el espacio tetradimensional de la experiencia escénica.

¿Qué significa esto?

Que dicha capacidad de observación no depende solamente de conceptos y categorías, es una habilidad cognitiva vinculada a la tridimensionalidad del espacio escénico y el devenir del tiempo en el que acontece la acción dramática.

Además de contar con una serie de herramientas conceptuales, derivadas de categorías estéticas propias de un filósofo, el crítico teatral tendría la capacidad de observación del biológo, ser un espectador especializado. No bastan los conceptos y las categorías, resulta fundamental la capacidad de observar la presencia y la ausencia de lo que “no se dice” en una obra teatral, su redundancia, su articulación interna.

La crítica teatral viene emparenteda con una teoría crítica de la sociedad.

Es una producción cultural que enriquece la percepción, el consumo y el disfrute de obras artísticas. Afianza los elementos de observación y percepción en una obra teatral.

Si bien es cierto, que, el objeto de la crítica teatral, esta encriptado exclusivamente a la referencialidad de la puesta en escena, lo cierto es que implica además, una crítica de la sociedad. Al ser producidos por una colectividad, entendemos que no son objetos que emergieron de manera espontánea en la realidad. La crítica teatral, alcanzaría el contexto de donde surgen los productos teatrales.

Un enfoque sistémico no solamente daría cuenta de los elementos constituyentes de una puesta teatral y de su lógica de organización interna, es decir, su póetica. Este enfoque permitiría a su vez, entender las relaciones existentes tanto como objeto, es decir como un sistema cerrado; así como de sus relaciones con el entorno y la dinámica de reproducción o analogía con la lógica del entorno.

Esto implica que, existiría una cierta correspondencia entre los procesos de producción y temáticas abordadas en una puesta teatral y el sistema cultural de producción.

¿Esto significa que el sistema cultural determina y condiciona la creación artística de las obras teatrales?

Aunque parezca mecanicista, esto sí es así.
Pero intentemos matizar un poco más.

El sistema cultural, no esta integrado exclusivamente por las instituciones gubernamentales encargadas de la producción y difusión de la cultura, pero si condiciona y crea las estructuras materiales de producción, circulación, difusión y consumo de las producciones artísticas. Genera además de las estructuras materiales, las plataformas y superestructuras del mercado simbólico de la obra artística.

Esta linea de continuidad y reproducción de la lógica interna, caracterizada por una relativa autonomía, sin embargo no se mantiene ajena al discurso hegemónico de una grupo social en un momento dado, adheriendose como brea al pensamiento de forma aparentemente imperceptible.

¿Somos unos meros títeres que hablan solo de lo que el sistema quiere que hablemos?

Sí.

Aunque parezca escandaloso, ciertamente hay una reproducción del discurso hegemónico que se manifiesta en los discursos artísticos. A pesar de su relativa autonomía, en un ejercicio crítico por desmantalar el carácter ideológico manifiesto en los productos televisos, si quisieramos desmantelar esta misma configuración ideológica en muchas de las producciones teatrales presentes en Nuevo León, seguramente encontraríamos horrorosas similitudes.

En este sentido, la crítica teatral, no permanecería ajena a la lógica del sistema social y cultural de un momento histórico.

Si los seres humanos y sus derivados, los supuestos productos artísticos, estamos programados para pensar, ser, actuar como máquinas, la crítica teatral cumple la función de hackeo cerebral, pondría de manifiesto lo oculto, lo subyacente, lo que ideológicamente inocente se disfraza de artístico.

Desconozco a ciencia cierta la historia reciente de la crítica teatral en Nuevo León, pero esta claro que desde hace tiempo ha dejado de ejercerse de manera profesional y sistemática.

A la par, y sin querer establecer una cierta correspondencia unidimensional, a la ausencia de la crítica le sigue una misteriosa y repentina superproducción de obras teatrales.

Si revisamos los programas de mano del Conarte, a partir del 2011 comenzamos a ver alrededor de 40 obras teatrales al año con una mismo esquema de producción: obras teatrales de pequeño formato, autores nacionales, elenco joven, 3 a 4 actores, estructuras dramáticas parecidas.

Contrario al 2009 y años anteriores, no se presentaban ni siquiera 20 obras en un año.

Sería un error considerar a la crítica como instrumento que cercena la producción de obras teatrales como herramienta del miedo, el teatro es un fenómeno de vida, la vida no se puede detener, pero si podría analizar las condiciones y los factores de los que emerge la "vida".

Con esto quiero decir, que resulta preferible tomar los datos con suspicacia que con jubilo, a esta superproducción de obras y la ausencia de la crítica, amenaza con gran poder el fantasma de la banalidad.