sábado, 27 de septiembre de 2014

LA FURA DELS BAUS Y LA MCDONALIZACIÓN DE LA CULTURA



La sociedad suele ser impredecible, y más aún, cuando se reúne a un grupo de personas en la plaza pública. Cuando el objetivo es la consagración del poder de la clase dominante en la plaza pública, a veces  suceden acontecimientos que van a desplegar una confrontación entre los ciudadanos y la Polis, entre los ciudadanos y la clase dominante.

Esto fue lo que sucedió el domingo pasado en la Macroplaza, cientos de personas nos reunimos para presenciar el show de la Fura dels Baus,  cuando en medio del espectáculo, uno de los ejecutantes que permanecía suspendido por una grúa en uno de los arneses desplegó una manta que tenía por escrito: “¿Y los desaparecidos?”

La manta cayó del cielo, como un balde de agua fría.

Justo después, en una pantalla inició una secuencia de imágenes bélicas: balas y bombas, que hacían referencia a la Guerra de Troya. Algunos llegamos a creer que la manta tendría algo que ver con el espectáculo, pero tanto contrastaba la manta con la plástica del espectáculo, que nos dimos cuenta que no formaba parte del show, sino que era un genuino reclamo que daría una vuelta de tuerca al espectáculo oficialista de la Fura dels Baus.

Debo reconocer que muchos amigos y colegas trabajaron en este espectáculo, por lo que, esta crítica no esta dirigida a ellos, sino a develar desde una mirada muy personal un fenómeno cultural que tiene que ver con una McDonalización de la cultura, el cual explicaré más adelante.

Espectáculos como “El Juicio de Paris” o “Aphrodita”, son conceptualizados desde una perspectiva neoliberal que no contribuyen a la vida cultural. Son orquestados y organizados por una élite que promueve una alta subcontratación y fragmentación del trabajo. Este proyecto, si bien implica una experiencia novedosa o interesante, no hereda ninguna plataforma de trabajo, know how, o algún saber instrumental, artístico o técnico que pudiera multiplicarse por la comunidad para permearse en la generación de nuevos productos culturales o proyectos artísticos.

Dicho en otras palabras, la compañía llega, subcontrata mano de obra poco cualificada con bajo nivel de especialización, la compañía se va y no hay crecimiento de ningún tipo, de la misma manera que las compañías trasnacionales en los países bananeros. El crecimiento a nivel profesional: técnico y artístico que ofrece esta política cultural es el mismo nivel de crecimiento que ofrece McDonalds y su impacto social es cualitativamente similar. Incluso el producto artístico que ofrece, tiene la misma constitución del fast food: son productos prefabricados, con escaso valor nutricional, sus ingredientes son artificiales, y producidos bajo un sistema estandarizado.

Estos proyectos expresan una política cultural que no busca construir plataformas de producción, ya que la contribución del creador local es proporcional a la del empleado de McDonalds.

El problema es fuerte, existe una mayor preocupación por cumplir con una metodología para llenar indicadores que por construir plataformas de producción. Esta autofagia institucional se traduce en esterilidad cultural, ya que si esto fuera una empresa productiva, sería una empresa que hace mucho hubiera quebrado y el problema se vuelve más nocivo, porque a la vez que se aíslan y desmantelan posibles nichos de producción, se genera en la comunidad artística una mayor dependencia económica (los artistas buscan cada vez más acceder a las becas y festivales) y por otro lado, emerge un extraño paternalismo que censura las prácticas artísticas no oficiales. El asunto de la manta en el espectáculo de la Fura dels Baus, devela que vivimos una extraña convergencia entre neoliberalismo y autoritarismo.





Por otro lado, existe la percepción, que, al invitar a grupos como la Fura dels Baus, se tiene mayor posibilidad de inflar los costos de los proveedores y desviar más recursos, sin embargo, desde la administración de Carmen Junco, en el Conarte existe una serie de candados instituciones que lo impiden. De persistir esta sospecha, la Ley de Transparencia permitiría hacer una revisión exhaustiva que seguramente desestimaría tal impresión. Sería muy difícil que exista un “Fura`sgate”, aun y tomando en cuenta que el próximo año, es un año de elecciones.

Lo que sí suele existir, es una serie de compromisos adquiridos por parte de los contratantes y los proveedores. En un espectáculo de este tipo, con altos costos de operación y altos sueldos para los directivos, el “artista” se obliga, a asumir neutralidad y discreción respecto a las problemáticas sociales y políticas presentes en la localidad. De haberse presentado este espectáculo en Israel, la Fura dels Baus hubiese hecho oído sordos a los bombardeos en la Franja de Gaza. El “artista”, se deslinda de la realidad política y social de sus clientes, porque una politización así, espantaría futuros acuerdos comerciales.

La otra cuestión es: ¿Porqué no apostarle al crecimiento interno? ¿porqué se invita a un grupo foráneo, en vez de formar un equipo de trabajo con creadores locales? La respuesta es una cuestión meramente pragmática.

Es un error pensar que este tipo de espectáculos se contrata a la Fura dels Baus, porque en la ciudad no existe el personal creativo y técnico para hacerlo, sino porque es un producto prefabricado que satisface muchos indicadores institucionales y crea lazos políticos con personajes más influyentes que los de la comunidad local. Se paga no sólo por el espectáculo, sino por la marca y el pago a importantes intermediario. Esto se traduce en una inversión económica muy alta, pero con una ganancia política mucho mayor.

Además, esta decisión eludiría un agridulce debate innecesario, del cual, los responsables serían la propia comunidad artística, la prensa y la crítica local. ¿De formar un equipo creativo local, la propia comunidad artística en su tradicional canibalismo hubiera hecho lo imposible por evitar que un espectáculo así se llevase a cabo?

Si existen dos o tres personas que pudieran emprender una empresa de esta magnitud, con los conocimientos artísticos y técnicos para llevar a cabo un espectáculo como el de La Fura, existen más artistas, críticos o periodistas, que hubieran hecho una frontal confrontación, cuestionando la calidad, trayectoria o nivel de cualificación del artista local –hipotéticamente- designado. Comprando el espectáculo de la Fura del Baus, se evita generar posibles envidias, discordias entre la comunidad artística local. Pero ante la prensa y la comunidad artística, la Fura resultó ilesa, sin pena ni gloria.

No es mi intención deslegitimar el trabajo de los funcionarios de la cultura. La crítica más bien, va dirigida a la lógica de la política cultural en la cual se ven inmersos. Mi intención con este artículo más bien, es propiciar una reflexión y quizá un diálogo desde un punto de vista más crítico y menos complaciente.

Analicemos la cuestión de la manta.

Si observamos el espectáculo de la Fura dels Baus, podrá impresionarnos el costo de la producción, pero el diseño resulta más bien genérico, ya que desde hace algunos años se ha popularizado el uso de títeres gigantes en espectáculos de gran formato, con un contenido gráfico que suele ser poco original.

No dejaba de ser banal, el espectáculo presentado, sin embargo resultaba tolerable y entretenido. Pero al momento de caer la manta, nos generamos la siguiente pregunta: ¿qué carajos hacemos reunidos en la plaza pública celebrando un mito que por cierto, a nadie le importa? ¿Cuál es la importancia del mito del Juicio de Paris?

Peor aún, ¿Esta celebración de la cultura eurocéntrica, implica una forma más de imperialismo cultural? La manta no solo reclama los cuerpos de los desaparecidos, también reclama la desaparición del pensamiento.

La manta reclama que los desaparecidos merecen el rito de la sepultura. Los honores fúnebres reclaman no solo por la violencia, sino por el equilibrio entre los seres humanos y la divinidad, el mundo de los vivos y de los muertos. Por lo tanto, ¿qué nos importa Afrodita y el Juicio de Paris en una ciudad donde los ciudadanos son desaparecidos y los cuerpos no reciben sepultura?

Entonces más bien pienso en el mito de Antígona, quien reclama a Creonte la entrega del cuerpo de su hermano. Si nos hemos de reunir en la plaza pública, no será para adorar a un títere gigante, -quien es la personificación del Estado-. A los gobernantes les gusta este tipo de espectáculos que involucran marionetas gigantes, porque despliegan la manifestación del poder a través de un cuerpo. Pero la manta, una simple manta desde las alturas le reclama al cuerpo del Estado, los cuerpos de todos nuestros hermanos desaparecidos.

Reunidos en la plaza pública vimos la tensión, el desencuentro y el conflicto entre dos mitos originarios: El mito fundacional del Poder y el mito de Antígona. Lo cierto es que el espectáculo propuesto por la Fura dels Baus es una consagración del poder.



Lo que llama la atención es la polémica que se genero entre la comunidad artística. Algunos vieron en la manta, un reclamo genuino y valido para la reflexión y una apropiación, pero muchos otros se indignaron por la manta, aduciendo la falta de creatividad del que la montó, o un reclamo social que invadió un ámbito exclusivamente artístico. Algunos han dicho, que no era el espacio adecuado para hacerlo. Sin embargo, ninguna de estas críticas ofrece ningún tipo de argumentación. Todo lo que ocurre en la plaza pública, es de carácter público.

Entiendo que la Fura dels Baus, al ser una corporación como McDonalds, se deslinde con el tema de la manta, al final de cuentas, esto afecta su negocio. Pero lo que me sorprende es la falta de sensibilidad, de empatía y solidaridad por parte de los artistas que criticaron un genuino acto de consciencia social. ¿Dónde queda la compasión y la solidaridad? ¿Dónde queda el compromiso con la sociedad y con el arte?

La manta es un acto de desestabilización que invierte la cadena de mando, una estructura jerárquica, undimensional, unidireccional, la manta indigna porque todos, -incluidos los directores del espectáculo- nos damos cuenta que en realidad todos fueron peones de un espectáculo que no enriquecía la producción de sentido ni propiciaba ninguna reflexión o experiencia estética, la manta indigna porque no sólo reclama los cuerpos de los desaparecidos, indigna porque reclama la desaparición del pensamiento, indigna porque reclama la desaparición de la experiencia estética. La manta indigna al grupo catalán porque les recuerda que, ellos comenzaron como un grupo muy interesante con una propuesta viva; y ahora la manta les reclama su participación como meros bufones de la corte.



El espectáculo que presentaba la Fura dels Baus tal y como estaba planteado, no ofrecía ni proponía ningún tipo de experiencia estética, ni siquiera era un espectáculo tan impresionante, su despliegue técnico ni siquiera ofrecía destrezas tan impresionantes como las que ha presentado Mizraim Araujo en sus espectáculos. Vale la pena mencionar, la no participación de este último en dicho espectáculo debido al entrenamiento obligado de su equipo de trabajo, a veces la mejor manera de protestar es trabajando y produciendo.

La manta, en cambio, de golpe, nos recordo la brutal realidad que vivimos en este país. Somos una ciudad que ha sufrido mucho la violencia y eso, no podemos olvidarlo. Ante la McDonalización de la cultura, no podemos olvidar a los desaparecidos, ni la desaparición del pensamiento y el arte.



 * Melchor Flores, alias el vaquero galáctico. Artista callejero, desaparecido en 2009 a manos de la policía. Varia veces arrestado hasta que fue desaperecido, el cuerpo nunca fue entregado a su familia y los culpables no han sido castigados. NO SE OLVIDA.