La sociedad suele ser impredecible, y más aún, cuando
se reúne a un grupo de personas en la plaza pública. Cuando el objetivo es la
consagración del poder de la clase dominante en la plaza pública, a veces suceden acontecimientos que van a
desplegar una confrontación entre los ciudadanos y la Polis, entre los
ciudadanos y la clase dominante.
Esto fue lo que sucedió el domingo pasado en la
Macroplaza, cientos de personas nos reunimos para presenciar el show de la Fura
dels Baus, cuando en medio del
espectáculo, uno de los ejecutantes que permanecía suspendido por una grúa en
uno de los arneses desplegó una manta que tenía por escrito: “¿Y los
desaparecidos?”
La manta cayó del cielo, como un balde de agua fría.
Justo después, en una pantalla inició una secuencia
de imágenes bélicas: balas y bombas, que hacían referencia a la Guerra de
Troya. Algunos llegamos a creer que la manta tendría algo que ver con el
espectáculo, pero tanto contrastaba la manta con la plástica del espectáculo,
que nos dimos cuenta que no formaba parte del show, sino que era un genuino
reclamo que daría una vuelta de tuerca al espectáculo oficialista de la Fura
dels Baus.
Debo reconocer que muchos amigos y colegas trabajaron
en este espectáculo, por lo que, esta crítica no esta dirigida a ellos, sino a
develar desde una mirada muy personal un fenómeno cultural que tiene que ver
con una McDonalización de la cultura, el
cual explicaré más adelante.
Espectáculos como “El Juicio de Paris” o “Aphrodita”, son conceptualizados desde una perspectiva neoliberal que no
contribuyen a la vida cultural. Son orquestados y organizados por una élite que
promueve una alta subcontratación y fragmentación del trabajo. Este proyecto,
si bien implica una experiencia novedosa o interesante, no hereda ninguna
plataforma de trabajo, know how,
o algún saber instrumental, artístico o técnico que pudiera multiplicarse por
la comunidad para permearse en la generación de nuevos productos culturales o
proyectos artísticos.
Dicho en otras palabras, la compañía llega,
subcontrata mano de obra poco cualificada con bajo nivel de especialización, la
compañía se va y no hay crecimiento de ningún tipo, de la misma manera que las
compañías trasnacionales en los países bananeros. El crecimiento a nivel
profesional: técnico y artístico que ofrece esta política cultural es el mismo
nivel de crecimiento que ofrece McDonalds y su impacto social es
cualitativamente similar. Incluso el producto artístico que ofrece, tiene la misma
constitución del fast food: son
productos prefabricados, con escaso valor nutricional, sus ingredientes son
artificiales, y producidos bajo un sistema estandarizado.
Estos proyectos expresan una política cultural que no
busca construir plataformas de producción, ya que la contribución del creador
local es proporcional a la del empleado de McDonalds.
El problema es fuerte, existe una mayor preocupación
por cumplir con una metodología para llenar indicadores que por construir
plataformas de producción. Esta autofagia institucional se traduce en
esterilidad cultural, ya que si esto fuera una empresa productiva, sería una
empresa que hace mucho hubiera quebrado y el problema se vuelve más nocivo,
porque a la vez que se aíslan y desmantelan posibles nichos de producción, se
genera en la comunidad artística una mayor dependencia económica (los artistas
buscan cada vez más acceder a las becas y festivales) y por otro lado, emerge
un extraño paternalismo que censura las prácticas artísticas no oficiales. El asunto
de la manta en el espectáculo de la Fura dels Baus, devela que vivimos una
extraña convergencia entre neoliberalismo y autoritarismo.
Por otro lado, existe la percepción, que, al invitar
a grupos como la Fura dels Baus, se tiene mayor posibilidad de inflar los
costos de los proveedores y desviar más recursos, sin embargo, desde la
administración de Carmen Junco, en el Conarte existe una serie de candados
instituciones que lo impiden. De persistir esta sospecha, la Ley de
Transparencia permitiría hacer una revisión exhaustiva que seguramente
desestimaría tal impresión. Sería muy difícil que exista un “Fura`sgate”, aun y tomando en cuenta que el próximo año, es un
año de elecciones.
Lo que sí suele existir, es una serie de compromisos
adquiridos por parte de los contratantes y los proveedores. En un espectáculo
de este tipo, con altos costos de operación y altos sueldos para los
directivos, el “artista” se obliga, a asumir neutralidad y discreción respecto
a las problemáticas sociales y políticas presentes en la localidad. De haberse
presentado este espectáculo en Israel, la Fura dels Baus hubiese hecho oído
sordos a los bombardeos en la Franja de Gaza. El “artista”, se deslinda de la
realidad política y social de sus clientes, porque una politización así,
espantaría futuros acuerdos comerciales.
La otra cuestión es: ¿Porqué no apostarle al
crecimiento interno? ¿porqué se invita a un grupo foráneo, en vez de formar un
equipo de trabajo con creadores locales? La respuesta es una cuestión meramente
pragmática.
Es un error pensar que este tipo de espectáculos se
contrata a la Fura dels Baus, porque en la ciudad no existe el personal
creativo y técnico para hacerlo, sino porque es un producto prefabricado que
satisface muchos indicadores institucionales y crea lazos políticos con
personajes más influyentes que los de la comunidad local. Se paga no sólo por
el espectáculo, sino por la marca y el pago a importantes intermediario. Esto
se traduce en una inversión económica muy alta, pero con una ganancia política
mucho mayor.
Además, esta decisión eludiría un agridulce debate
innecesario, del cual, los responsables serían la propia comunidad artística,
la prensa y la crítica local. ¿De formar un equipo creativo local, la propia
comunidad artística en su tradicional canibalismo hubiera hecho lo imposible
por evitar que un espectáculo así se llevase a cabo?
Si existen dos o tres personas que pudieran emprender
una empresa de esta magnitud, con los conocimientos artísticos y técnicos para
llevar a cabo un espectáculo como el de La Fura, existen más artistas, críticos
o periodistas, que hubieran hecho una frontal confrontación, cuestionando la
calidad, trayectoria o nivel de cualificación del artista local
–hipotéticamente- designado. Comprando el espectáculo de la Fura del Baus, se
evita generar posibles envidias, discordias entre la comunidad artística local.
Pero ante la prensa y la comunidad artística, la Fura resultó ilesa, sin pena
ni gloria.
No es mi intención deslegitimar el trabajo de los
funcionarios de la cultura. La crítica más bien, va dirigida a la lógica de la
política cultural en la cual se ven inmersos. Mi intención con este artículo
más bien, es propiciar una reflexión y quizá un diálogo desde un punto de vista
más crítico y menos complaciente.
Analicemos la cuestión de la manta.
Si observamos el espectáculo de la Fura dels Baus,
podrá impresionarnos el costo de la producción, pero el diseño resulta más bien
genérico, ya que desde hace algunos años se ha popularizado el uso de títeres
gigantes en espectáculos de gran formato, con un contenido gráfico que suele
ser poco original.
No dejaba de ser banal, el espectáculo presentado,
sin embargo resultaba tolerable y entretenido. Pero al momento de caer la
manta, nos generamos la siguiente pregunta: ¿qué carajos hacemos reunidos en la
plaza pública celebrando un mito que por cierto, a nadie le importa? ¿Cuál es
la importancia del mito del Juicio de Paris?
Peor aún, ¿Esta celebración de la cultura
eurocéntrica, implica una forma más de imperialismo cultural? La manta no solo
reclama los cuerpos de los desaparecidos, también reclama la desaparición del
pensamiento.
La manta reclama que los desaparecidos merecen el
rito de la sepultura. Los honores fúnebres reclaman no solo por la violencia,
sino por el equilibrio entre los seres humanos y la divinidad, el mundo de los
vivos y de los muertos. Por lo tanto, ¿qué nos importa Afrodita y el Juicio de
Paris en una ciudad donde los ciudadanos son desaparecidos y los cuerpos no
reciben sepultura?
Entonces más bien pienso en el mito de Antígona,
quien reclama a Creonte la entrega del cuerpo de su hermano. Si nos hemos de
reunir en la plaza pública, no será para adorar a un títere gigante, -quien es
la personificación del Estado-. A los gobernantes les gusta este tipo de
espectáculos que involucran marionetas gigantes, porque despliegan la
manifestación del poder a través de un cuerpo. Pero la manta, una simple manta
desde las alturas le reclama al cuerpo del Estado, los cuerpos de todos
nuestros hermanos desaparecidos.
Reunidos en la plaza pública vimos la tensión, el
desencuentro y el conflicto entre dos mitos originarios: El mito fundacional
del Poder y el mito de Antígona. Lo cierto es que el espectáculo propuesto por
la Fura dels Baus es una consagración del poder.
Lo que llama la atención es la polémica que se genero
entre la comunidad artística. Algunos vieron en la manta, un reclamo genuino y
valido para la reflexión y una apropiación, pero muchos otros se indignaron por
la manta, aduciendo la falta de creatividad del que la montó, o un reclamo
social que invadió un ámbito exclusivamente artístico. Algunos han dicho, que
no era el espacio adecuado para hacerlo. Sin embargo, ninguna de estas críticas
ofrece ningún tipo de argumentación. Todo lo que ocurre en la plaza pública, es
de carácter público.
Entiendo que la Fura dels Baus, al ser una
corporación como McDonalds, se deslinde con el tema de la manta, al final de
cuentas, esto afecta su negocio. Pero lo que me sorprende es la falta de
sensibilidad, de empatía y solidaridad por parte de los artistas que criticaron
un genuino acto de consciencia social. ¿Dónde queda la compasión y la
solidaridad? ¿Dónde queda el compromiso con la sociedad y con el arte?
La manta es un acto de desestabilización que invierte
la cadena de mando, una estructura jerárquica, undimensional, unidireccional,
la manta indigna porque todos, -incluidos los directores del espectáculo- nos
damos cuenta que en realidad todos fueron peones de un espectáculo que no
enriquecía la producción de sentido ni propiciaba ninguna reflexión o
experiencia estética, la manta indigna porque no sólo reclama los cuerpos de
los desaparecidos, indigna porque reclama la desaparición del pensamiento,
indigna porque reclama la desaparición de la experiencia estética. La manta
indigna al grupo catalán porque les recuerda que, ellos comenzaron como un
grupo muy interesante con una propuesta viva; y ahora la manta les reclama su
participación como meros bufones de la corte.
El espectáculo que presentaba la Fura dels Baus tal y
como estaba planteado, no ofrecía ni proponía ningún tipo de experiencia
estética, ni siquiera era un espectáculo tan impresionante, su despliegue
técnico ni siquiera ofrecía destrezas tan impresionantes como las que ha
presentado Mizraim Araujo en sus espectáculos. Vale la pena mencionar, la no
participación de este último en dicho espectáculo debido al entrenamiento
obligado de su equipo de trabajo, a veces la mejor manera de protestar es
trabajando y produciendo.
La manta, en cambio, de golpe, nos recordo la brutal
realidad que vivimos en este país. Somos una ciudad que ha sufrido mucho la
violencia y eso, no podemos olvidarlo. Ante la McDonalización de la cultura, no
podemos olvidar a los desaparecidos, ni la desaparición del pensamiento y el
arte.
* Melchor Flores, alias el vaquero galáctico. Artista callejero, desaparecido en 2009 a manos de la policía. Varia veces arrestado hasta que fue desaperecido, el cuerpo nunca fue entregado a su familia y los culpables no han sido castigados. NO SE OLVIDA.




