viernes, 5 de diciembre de 2014

La tensa relación entre los artistas y el poder

El pasado miércoles 12 de noviembre fui a una fiesta que realizaron algunos organizadores de la Muestra Nacional. La fiesta transcurría con normalidad,una casa, cerveza, teatristas locales y de otras ciudades. La calma fue interrumpida cuando algunas personas querían salir y no podían hacerlo porque habían varias patrullas afuera de la casa. Supuestamente una empleada de un seven eleven, afirmaba que dos personas habían quebrado los cristales del negocio y se encontraban adentro de la fiesta. Para sorpresa de todos, los anfitriones de la fiesta, permitieron entrar a una mujer policía y a la empleada para tratar de identificar al responsable. La reacción de la gente dentro de la fiesta fue de asombro, otros naturalmente ofendidos y unos cuantos más tomamos la situación con un poco de sentido del humor. Yo fui uno, de los que trataron de encontrar la situación cómica, hasta que la empleada del seven me identifico como el presunto responsable, la escena se puso tensa, la empleada no estaba completamente segura y la policía que la acompañaba la presionaba para identificarme o no como el agresor, y poder llevarme detenido. La empleada, aún no estaba segura, pero afirmo que sí podría reconocer a una mujer que acompañaba al agresor. Mi amiga en ese momento estaba en el baño, escuchando aterreda la situación. Sabemos que las historias relacionadas con la policía, tienen fatales descenlaces. La situación se puso más tensa, estamos afuera del baño, esperando que salga mi amiga para que la policía al final pudiera o no detenerme. Cuando mi amiga sale del baño, la empleada del seven, decepcionada, no reconoce a mi amiga y por lo tanto, no nos puede acusar como los responsables del cristalazo. La mujer policía, más decepcionada, por no poder detener a nadie, sale. Hay algunos reclamos menores, el incidente pronto se olvida y la fiesta regresa a su ordinaria calma.

Días después analizo la situación. ¿Porqué en una fiesta privada permitimos que entrara la policía a realizar una detención? ¿Qué hubiese pasado si la empleada nos hubiese acusado? ¿Cuántas personas no son detenidas arbitrariamente por la policía  y el ejército ante el capricho de cualquier presunto denunciante? ¿Qué hubiese pasado si la mujer policía hubiese presionado más, y ante la presión la mujer empleada nos hubiese denunciado? ¿Porqué permitimos que entrara la policía a una fietsa privada?

Recuerdo que cuando entramos a la fiesta un taxista, afuera hacía algunas llamadas, ¿pudo haber sido un pequeño operativo orquestado entre el taxista, la empleada del seven y la policía para poder extorsionar a algún despistado? Sea lo que fuere, el pequeño incidente puso en evidencia la fragilidad de nuestras garantías individuales y nuestros derechos civiles. Ignoro si influyó de alguna manera, el hecho de que hubiesen entre los invitados de la fiesta, artistas de otras ciudades del país, y aunque, tratamos de tomar con humor el percance, no dejaban de pasar por mi mente las historias de personas secuestradas por la policía que posteriormente son entregadas al crimen organizado.





¿Cuál es mi responsabilidad como artista ante la crítica situación de inseguridad y corrupción que corroe la estructura gubernamental?

Recientemente, se han convocado marchas en las que he podido encontrarme con algunos camaradas teatristas, artistas de otras disciplinas, académicos y la sociedad civil en general. Todos clamamos por justicia ante el infame y despiadado secuestro de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Hay una sensación colectiva de indignación ante la corrupción y colusión entre el Estado y las fuerzas invisibles del crimen organizado. En las marchas, hay un claro responsable: el regreso del PRI al poder.

En 2012, cuando marchamos contra el regreso del PRI y Enrique Peña Nieto, todos temíamos el regreso del autoritarismo, la censura, la corrupción y la represión en su modalidad más agresiva. Es decir, si bien, los gobiernos panistas de igual manera reprodujeron fielmente los vicios de sus antecesores, con el regreso del PRI, temíamos el fortalecimiento de los grupos paramilitares, el acoso, el espionaje y el empleo de las fuerzas represivas. Lamentablemente, no nos equivocamos, pero hay una innovación en este regreso: la transformación de un gobierno corrupto a un Narco-Gobierno.




¿Pero que pasa con mi responsabilidad como artista ante la situación crítica que enfrenta el país?

Pienso que de entrada, la contribución del artista al cambio social consiste en la creación de un discurso alterno. No solamente pone en entredicho el discurso dominante o hegemónico, sino, que propone la creación de una narrativa distinta a la narrativa colonizadora. El problema surge, cuando los mismos artistas son portavoces del conformismo social por pereza intelectual o por adular a los grupos en el poder. Debido a esta condición, lambiscona, el sociólogo francés Pierre Bordieu llama al grupo intelectual orgánico, como “la fracción dominada de la clase dominante”.

Gramsci explica la tensa relación entre los artistas y el poder. Señala que para que una clase mantenga el poder necesita del equilibrio entre un liderazgo moral y el uso de la fuerza represiva. Esto implica que, el poder no solamente se ejerce mediante el uso de la fuerza, sino que, los intelectuales son orgánicos a la estructura de dominación, mediante la sofisticación y el refinamiento del discurso dominante.

El discurso dominante, logra su hegemonía, cuando logra ser asimilado por la sociedad civil, mediante el sentido común y ser recreado y reinterpretado por las tradiciones folclóricas. El grupo de los intelectuales, -entendido en este mismo grupo a los artistas-, construye los fundamentos lógicos, filosóficos y estéticos del discurso dominante.

Para Gramsci, el intelectual orgánico determina su agenda en función de los lineamientos del partido, en el caso, sin embargo, contrasta al intelectual orgánico con el intelectual libre y autonómo.

Entonces advierte que, los intelectuales son “empleados” o “funcionarios de la cultura”, ya que permiten que funcione la superestructura social, cumpliendo varias funciones:

  1. En primer lugar son organizadores de la producción y la función económica.
  2. Consecuentemente son portavoces de la función hegemónica. Organizan la producción de sentido del discurso dominante y contribuyen a la aceptación de la ideología de la clase dominante, asimilando mediante el aparato cultural.
  3. Son del mismo modo, organizadores de la coerción, es decir, del aparato represivo del Estado, aseguran la legalidad de la disciplina coercitiva.

En este punto, cuando los artistas y los intelectuales justifican el uso de las fuerzas policiacas en las manifestaciones, alinean su discurso en función del gobierno. Los artistas e intelectuales, supuestamente son personas pensantes y sensibles, con una cierta autoridad moral y la sociedad civil, suele percibirlos de esta manera, por lo tanto, cuando el artista o el intelectual justifica las detenciones y el uso de los medios coercitivos, legitima al gobierno.

Algunos artistas y funcionarios del sistema cultural expresan una preocupación ante la cuestión de tomar una posición crítica ante los problemas sociales. Sin embargo, contar con una beca o participar en la administración de alguna dirección social o cultural, no implicaser un portavoz del gobierno.

Desde el punto de vista de los Derechos Humanos fundamentales, el derecho a la cultura es tan valioso como el derecho a la salud y a la educación; y es responsabilidad del Estado proporcionarlo, por lo cual, se vuelve obligación de arttistas y funcionarios tomar una actitud crítica, ya que, el verdadero compromiso no es con el gobierno, sino con la sociedad civil.

Los recursos que se destinan a la cultura no vienen del gobierno, vienen del pueblo, por lo tanto, el intelectual tendría una relación orgánica con el pueblo y las clases dominadas.

Las marchas en las que estamos participando no son solamente por los 43 estudiantes desaparecidos, no son solamente por los 33 estudiantes de secundaria, igualmente secuestrados por la policía y entregados al crimen organizado, las marchas expresan una ciudadanía cansada de la corrupción y del gobierno criminal.

Estamos en un momento crucial en la Historia de México, seguramente, en los próximos días surgan nuevas direcciones para el cambio social. Muchos artistas se han sumado al reclamo colectivo, otros timidamente lo han denunciado y muchos otros lo han ignorado. Lo que es evidente es que la crispación política que enfrenta el país polizará a unos y otros, y el cambio social se vuelve inevitable.

Nos vemos en el futuro camaradas.

¡Viva México!