Reflexiones en torno al Encuentro Estatal de Teatro del 2014
Recién ha terminado el encuentro
estatal de teatro y la dirección artística de este año, ha dictaminado cuales
serán las obras que serán seleccionadas para el Festival de Teatro del 2014,
que organiza el Conarte. Como es ya, una tradición en esta ciudad, la decisión
ha sido tomada de manera agridulce, por parte de la comunidad teatral.
Estuve reflexionando un poco, acerca de la válidez de las obras que fueron seleccionadas y acerca de la preocupación que esto genera, por eso, decidí escribir un poco al respecto.
Cuando una obra o proyecto es
seleccionado por un cómite artístico, es casi inevitable que surgan
inconformidades, controversias, debates acerca de la obra que debió o no entrar.
Es debatible incluso, la válidez del debate. Evidentemente, para quien es
ganador del premio, la decisión ha sido justa y certera, para quien no ha sido premiado o seleccionado, la
decisión ha estado truqueada, manipulada o por lo menos, equívoca. Esta
inconformidad a veces será argumentada, otra veces no, algunas veces podrá ser
razonable o no. Sin embargo, en el caso de una decisión de un jurado o una
dirección artística, sin importar la decisión que se tome, esta siempre será
una decisión cuestionable.
Ojalá el arte fuera tan sencillo
como una carrera de 100 metros planos, en este caso, sería incontrovertible que
la primer persona que llego a la meta, es el merecedor del premio o su pase a
tal festival.
En el caso del arte, la cosa se
vuelve más compleja. ¿Cuáles son los criterios de validación para seleccionar
una obra teatral en el caso de Nuevo León para entrar a su codiciado Festival
de Teatro? Ciertamente, todos tenemos presente que la elección de criterios
dependen exclusivamente de una dirección artística, en los que sin lugar a
dudas resultan fundamentales la dimensión ética y estética de la puesta en
escena, la relación del público y una cierta representatividad o “muestreo” de
la propuesta artística en el marco de la escena local.
¿Se puede hablar de criterios
objetivos de validación?
Resulta complejo, ojalá fuera una
pelea callejera, en la que el ganador es aquel que logra noquear a su oponente,
pero lamentablemente no es así. Los criterios considero que, no son
necesariamente “subjetivos”, es decir, la elegibilidad de una obra no depende
del gusto y la opinión, sino de categorías estéticas que podríamos más o menos
esclarecer en elementos muy contundentes tales como la existencia o no de un
conflicto, la elección del texto de un autor consagrado, la concepción plástica de la puesta, el tratamiento, desempeño
actoral, entre muchos otros que, sin embargo, a la hora de revisar una
pluralidad de propuestas escénicas de diversa índole, en las que aflora la
multiplicidad y la diversidad, cualquiera de los criterios construidos resultarían
insuficientes para dar cuenta de la representatividad de una u otra obra. Es
decir, independientemente de los criterios definidos, siempre existirán
variables que escapen al análisis. En una carrera de 100 metros planos quizá
pudieran surgir variables, pero tenemos la certeza que gana el que llegue
primero a la meta, esa es la única condición existente.
Aunque en el teatro la cuestión
se vuelve compleja, si se puede construir cierta objetividad en el campo
artístico. Quizá no entendida, como la cosificación de los lenguajes
artísticos, pero sí en el sentido de, una comunidad de pares. Es decir, en el
campo artístico, de carácter exclusivamente institucional y promovido por el
Estado, existiría una comunidad de expertos con cierta certificación y
trayectoria que avalan las obras que serán promovidas por el aparato
institucional.
¿Qué significa esto?
Que el Encuentro Estatal de
Teatro, aunque no tiene un carácter de competencia, si tiene un carácter de
competencia. La pugna, la lucha o la pelea, consiste en ver quien llega al
Festival de Teatro. El premio, consiste en la promoción que otorga el sistema a
las obras seleccionadas, que debido a su relativa escasez, resulta ser un
escaparete sumamente codiciado.
Gracias a su estructura como
Consejo y no como Secretaría, el Conarte a través del Teatro de la Ciudad, en
vez de seleccionar institucionalmente las obras que pudiera promover, designa
jurados y comisiones artísticas para otorgar los apoyos, permitiendo una mayor
horizontalidad y cierta igualdad de circunstancias para obtener un determinado
premio o estímulo, en este caso, el premio consiste en el pase al Festival de
Teatro.
Esto pone a los artistas, en una
situación de cierta vulnerabilidad.
En la cuestión del teatro, un
grupo de gente se reune en torno a una idea que, en sí misma es completamente
descabellada, por lo menos en términos económicos, producir una obra teatral no
es precisamente una buena idea, que sin embargo esta cargada de buena voluntad
y ciertas expectativas más o menos ambiciosas sobre su efecto en el público.
Aunque las propuestas artísticas sean completamente opuestas entre sí y las
expectativas de igual manera varían diametralmente entre los distintos
creadores, lo que subyace en general, es un acto bastante bien intencionado por
enriquecer la vida cultural de una ciudad bastante afectada por la violencia.
Definitivamente, expresa una gran
nobleza enriquecer la vida artística de esta ciudad. Expresión que no siempre
obtiene, proporcionalmente el reconocimiento social ni el estímulo económico
que quizá merezca, por lo cual, uno de los pocos escenarios que proporciona el
poder del Estado, es el Festival de Teatro y la Muestra Nacional. Sin embargo,
curiosamente, la selección que realizan año tras año, la dirección artística de
la Muestra, nunca despierta tantas suspicacias y malestar, como el Festival de
Teatro.
Creo que, el problema que se
genera, es el de una mayor preocupación por ingresar a las filas de los
estímulos económicos que proporciona el sistema, que una preocupación por lo
artístico. La solución no es eliminar los apoyos que otorga el sistema,
finalmente, independientemente de las consecuencias asociadas positivas o
negativas respecto a la creación, es un derecho y una obligación legalmente
constituidos. Además, a todos nos viene bien de vez en cuando un poco de éxito
aunque sea a pequeña escala; es una noticia agradable saber que tienes
cierto apoyo o estímulo institucional.
Pero mi preocupación tiene que
ver con el compromiso artístico, que se puede ver debilitado cuando existe un
esquema al cual debe adaptarse el discurso. Esto se manifiesta en las
tendencias hegemónicas de los festivales, donde afloran temáticas, resoluciones
técnicas específicas, textos dramáticos, entre muchos otros elementos, que
definen modelos “exitosos” que pueden posicionarse en la escena local o
nacional.
Entonces, la gravedad del
problema consiste en los discursos de segunda mano. Propuestas escénicas que,
por imitación o emulación, sacrifican su propia
autenticidad en miras de afianzarse en las tendencias más beneficiadas por el
sistema cultural.
Desgraciadamente, ni siquiera la
emulación de los discursos es garantía para ser un beneficiado del sistema.
Incluso, una obra basada en un análisis estadístico sobre las propuestas más
festivaleras o premiadas, podrían otorgar un pase automático al paraíso
económico de los artistas exitosos.
Peor aún, la diana se coloca en
el lugar equivocado. Ese bien artístico o cultural, que se había creado originalmente
con toda la buena voluntad de un grupo de personas bien intencionadas ya no busca la perfección artística a
través de la experimentación de un nuevo lenguaje o proceso de manera
exahustiva y apasionada, sino más bien, cumplir con una serie de requisitos que
cataloguen a tu obra como “un producto artístico oficialmente certificado”.
Aunque, reconozco que es una
sensación agradable, saber que la obra que he creado ha sido premiada o
seleccionada, pienso que esto, obedece más a condiciones meramente arbitrarias
que no debería influir mucho en los procesos artísticos. Creo que, una obra
creada con el corazón, donde un creador o creadora o grupo de creadores dieron
su máximo esfuerzo, pasión y honestidad es más valiosa que una obra
multipremiada que “curiosamente” satisface los estándares de todos los
festivales existentes.
El arte es la vida, una vereda
por la que caminamos, algunas veces creemos que sabemos más o sabemos menos, pero al final del camino, en la cima
de la montaña, solo se ve el inicio de la sierra.

Existen argumentos en mi mente que aun no puedo decodificar con respecto a lo que escribe David, sin embargo he de mencionar que estoy en completo acuerdo con usted cuando menciona el interés que hay en enfilarse al sistema de creadores sea cual sea la intención del artista. Quiero hablar un poco desde mi panorama y quizá abuse de manera desenfrenada de los "yo" pero en este caso será solo para referirme a un pensamiento propio sin afectar a nadie y respetando las distintas maneras de entender los discursos escénicos y nunca será usado como signo de egolatría.
ResponderEliminarYo hace unos años observaba que la mayoría de los ejecutantes no portaban un discurso artístico, un porque, o al menos una necesidad de búsqueda. Así mismo veía que todo quería ser contado, es decir, que las historias poco a poco se convertían en material reciclable no solo en temática, también en sistema de creencia y cronologías. Por otro lado y con la insolencia que suele dejar como vestigio la juventud no creía en las figuras patriarcales del teatro, como el director, el actor, el escenógrafo... etc, no creía y creo que aun no creo porque me aferro a la idea de la colectividad, eliminar los dimes y diretes de -él bien, ella mal- por poner un ejemplo burdo, busco eliminar el nombre y que lo único que brille en un acontecimiento escénico sea; el discurso-lema-ideal de todos los que conforman el hecho escénico. Esta idea la plantee a 2 hombres que se abrazaron a la creatividad y se entregaron a mi principal afán; que cada uno de ellos definiera su discurso artístico y que todo lo que se creara sería a partir de lo que ellos creen creer que es crear.
Después de todo hay una sobre valoración del arte de ser ser humano. Y en estos momentos los "defectos" para mi son la mayor virtud. Quise escribirle porque me apenaba escribir, pensé que mi mayor miedo es mi propia inseguridad y que si escribía podía limar un poco más. David quizá y es lo más seguro me arrepienta de estas palabras, creo que el sistema de pensamiento también debe evolucionar con el día a día, cambiar, es más mañana seré veterinaria. Le abraza con mucho cariño, una admiradora. Mayra Vargas.