sábado, 21 de junio de 2014

Un producto artístico oficialmente certificado




Reflexiones en torno al Encuentro Estatal de Teatro del 2014


Recién ha terminado el encuentro estatal de teatro y la dirección artística de este año, ha dictaminado cuales serán las obras que serán seleccionadas para el Festival de Teatro del 2014, que organiza el Conarte. Como es ya, una tradición en esta ciudad, la decisión ha sido tomada de manera agridulce, por parte de la comunidad teatral.

Estuve reflexionando un poco, acerca de la válidez de las obras que fueron seleccionadas y acerca de la preocupación que esto genera, por eso, decidí escribir un poco al respecto.

Cuando una obra o proyecto es seleccionado por un cómite artístico, es casi inevitable que surgan inconformidades, controversias, debates acerca de la obra que debió o no entrar. Es debatible incluso, la válidez del debate. Evidentemente, para quien es ganador del premio, la decisión ha sido justa y certera, para quien  no ha sido premiado o seleccionado, la decisión ha estado truqueada, manipulada o por lo menos, equívoca. Esta inconformidad a veces será argumentada, otra veces no, algunas veces podrá ser razonable o no. Sin embargo, en el caso de una decisión de un jurado o una dirección artística, sin importar la decisión que se tome, esta siempre será una decisión cuestionable.

Ojalá el arte fuera tan sencillo como una carrera de 100 metros planos, en este caso, sería incontrovertible que la primer persona que llego a la meta, es el merecedor del premio o su pase a tal festival.

En el caso del arte, la cosa se vuelve más compleja. ¿Cuáles son los criterios de validación para seleccionar una obra teatral en el caso de Nuevo León para entrar a su codiciado Festival de Teatro? Ciertamente, todos tenemos presente que la elección de criterios dependen exclusivamente de una dirección artística, en los que sin lugar a dudas resultan fundamentales la dimensión ética y estética de la puesta en escena, la relación del público y una cierta representatividad o “muestreo” de la propuesta artística en el marco de la escena local.

¿Se puede hablar de criterios objetivos de validación?

Resulta complejo, ojalá fuera una pelea callejera, en la que el ganador es aquel que logra noquear a su oponente, pero lamentablemente no es así. Los criterios considero que, no son necesariamente “subjetivos”, es decir, la elegibilidad de una obra no depende del gusto y la opinión, sino de categorías estéticas que podríamos más o menos esclarecer en elementos muy contundentes tales como la existencia o no de un conflicto, la elección del texto de un autor consagrado,  la concepción plástica de la puesta, el tratamiento, desempeño actoral, entre muchos otros que, sin embargo, a la hora de revisar una pluralidad de propuestas escénicas de diversa índole, en las que aflora la multiplicidad y la diversidad, cualquiera de los criterios construidos resultarían insuficientes para dar cuenta de la representatividad de una u otra obra. Es decir, independientemente de los criterios definidos, siempre existirán variables que escapen al análisis. En una carrera de 100 metros planos quizá pudieran surgir variables, pero tenemos la certeza que gana el que llegue primero a la meta, esa es la única condición existente.

Aunque en el teatro la cuestión se vuelve compleja, si se puede construir cierta objetividad en el campo artístico. Quizá no entendida, como la cosificación de los lenguajes artísticos, pero sí en el sentido de, una comunidad de pares. Es decir, en el campo artístico, de carácter exclusivamente institucional y promovido por el Estado, existiría una comunidad de expertos con cierta certificación y trayectoria que avalan las obras que serán promovidas por el aparato institucional.

¿Qué significa esto?

Que el Encuentro Estatal de Teatro, aunque no tiene un carácter de competencia, si tiene un carácter de competencia. La pugna, la lucha o la pelea, consiste en ver quien llega al Festival de Teatro. El premio, consiste en la promoción que otorga el sistema a las obras seleccionadas, que debido a su relativa escasez, resulta ser un escaparete sumamente codiciado.

Gracias a su estructura como Consejo y no como Secretaría, el Conarte a través del Teatro de la Ciudad, en vez de seleccionar institucionalmente las obras que pudiera promover, designa jurados y comisiones artísticas para otorgar los apoyos, permitiendo una mayor horizontalidad y cierta igualdad de circunstancias para obtener un determinado premio o estímulo, en este caso, el premio consiste en el pase al Festival de Teatro.

Esto pone a los artistas, en una situación de cierta vulnerabilidad.

En la cuestión del teatro, un grupo de gente se reune en torno a una idea que, en sí misma es completamente descabellada, por lo menos en términos económicos, producir una obra teatral no es precisamente una buena idea, que sin embargo esta cargada de buena voluntad y ciertas expectativas más o menos ambiciosas sobre su efecto en el público. Aunque las propuestas artísticas sean completamente opuestas entre sí y las expectativas de igual manera varían diametralmente entre los distintos creadores, lo que subyace en general, es un acto bastante bien intencionado por enriquecer la vida cultural de una ciudad bastante afectada por la violencia.

Definitivamente, expresa una gran nobleza enriquecer la vida artística de esta ciudad. Expresión que no siempre obtiene, proporcionalmente el reconocimiento social ni el estímulo económico que quizá merezca, por lo cual, uno de los pocos escenarios que proporciona el poder del Estado, es el Festival de Teatro y la Muestra Nacional. Sin embargo, curiosamente, la selección que realizan año tras año, la dirección artística de la Muestra, nunca despierta tantas suspicacias y malestar, como el Festival de Teatro.

Creo que, el problema que se genera, es el de una mayor preocupación por ingresar a las filas de los estímulos económicos que proporciona el sistema, que una preocupación por lo artístico. La solución no es eliminar los apoyos que otorga el sistema, finalmente, independientemente de las consecuencias asociadas positivas o negativas respecto a la creación, es un derecho y una obligación legalmente constituidos. Además, a todos nos viene bien de vez en cuando un poco de éxito aunque sea a pequeña escala; es una noticia agradable saber que tienes cierto apoyo o estímulo institucional.

Pero mi preocupación tiene que ver con el compromiso artístico, que se puede ver debilitado cuando existe un esquema al cual debe adaptarse el discurso. Esto se manifiesta en las tendencias hegemónicas de los festivales, donde afloran temáticas, resoluciones técnicas específicas, textos dramáticos, entre muchos otros elementos, que definen modelos “exitosos” que pueden posicionarse en la escena local o nacional.

Entonces, la gravedad del problema consiste en los discursos de segunda mano. Propuestas escénicas que, por imitación o emulación, sacrifican su propia autenticidad en miras de afianzarse en las tendencias más beneficiadas por el sistema cultural.

Desgraciadamente, ni siquiera la emulación de los discursos es garantía para ser un beneficiado del sistema. Incluso, una obra basada en un análisis estadístico sobre las propuestas más festivaleras o premiadas, podrían otorgar un pase automático al paraíso económico de los artistas exitosos.

Peor aún, la diana se coloca en el lugar equivocado. Ese bien artístico o cultural, que se había creado originalmente con toda la buena voluntad de un grupo de personas  bien intencionadas ya no busca la perfección artística a través de la experimentación de un nuevo lenguaje o proceso de manera exahustiva y apasionada, sino más bien, cumplir con una serie de requisitos que cataloguen a tu obra como “un producto artístico oficialmente certificado”.

Aunque, reconozco que es una sensación agradable, saber que la obra que he creado ha sido premiada o seleccionada, pienso que esto, obedece más a condiciones meramente arbitrarias que no debería influir mucho en los procesos artísticos. Creo que, una obra creada con el corazón, donde un creador o creadora o grupo de creadores dieron su máximo esfuerzo, pasión y honestidad es más valiosa que una obra multipremiada que “curiosamente” satisface los estándares de todos los festivales existentes.

El arte es la vida, una vereda por la que caminamos, algunas veces creemos que sabemos más o sabemos menos, pero al final del camino, en la cima de la montaña, solo se ve el inicio de la sierra.

1 comentario:

  1. Existen argumentos en mi mente que aun no puedo decodificar con respecto a lo que escribe David, sin embargo he de mencionar que estoy en completo acuerdo con usted cuando menciona el interés que hay en enfilarse al sistema de creadores sea cual sea la intención del artista. Quiero hablar un poco desde mi panorama y quizá abuse de manera desenfrenada de los "yo" pero en este caso será solo para referirme a un pensamiento propio sin afectar a nadie y respetando las distintas maneras de entender los discursos escénicos y nunca será usado como signo de egolatría.
    Yo hace unos años observaba que la mayoría de los ejecutantes no portaban un discurso artístico, un porque, o al menos una necesidad de búsqueda. Así mismo veía que todo quería ser contado, es decir, que las historias poco a poco se convertían en material reciclable no solo en temática, también en sistema de creencia y cronologías. Por otro lado y con la insolencia que suele dejar como vestigio la juventud no creía en las figuras patriarcales del teatro, como el director, el actor, el escenógrafo... etc, no creía y creo que aun no creo porque me aferro a la idea de la colectividad, eliminar los dimes y diretes de -él bien, ella mal- por poner un ejemplo burdo, busco eliminar el nombre y que lo único que brille en un acontecimiento escénico sea; el discurso-lema-ideal de todos los que conforman el hecho escénico. Esta idea la plantee a 2 hombres que se abrazaron a la creatividad y se entregaron a mi principal afán; que cada uno de ellos definiera su discurso artístico y que todo lo que se creara sería a partir de lo que ellos creen creer que es crear.
    Después de todo hay una sobre valoración del arte de ser ser humano. Y en estos momentos los "defectos" para mi son la mayor virtud. Quise escribirle porque me apenaba escribir, pensé que mi mayor miedo es mi propia inseguridad y que si escribía podía limar un poco más. David quizá y es lo más seguro me arrepienta de estas palabras, creo que el sistema de pensamiento también debe evolucionar con el día a día, cambiar, es más mañana seré veterinaria. Le abraza con mucho cariño, una admiradora. Mayra Vargas.

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